“Si estás enamorado, ¡no te cases!”, el video que arrasa en redes sociales

“No es suficiente el sentimiento, se necesita ‘algo’ más”, con estas afirmaciones la página soyamante.org explica que el “enamoramiento es necesario, pero no suficiente”. El video Si estás enamorado, ¡No te cases! es solo muestra que en esa etapa de la pareja aún no es el tiempo.

En el video se encuentras tres matrimonios de distintas décadas, quienes definen el amor de forma similar y destacan que deben tomar esta decisión “cuando ya no quieras regalarle la luna, sino ir juntos por ella”.

Amantes son los que se aman

La iniciativa soyamante.org nació en febrero de 2014 con el objetivo de favorecer conversaciones, reflexiones y decisiones en los jóvenes para que sus relaciones románticas sean una búsqueda auténtica de ese amor que llena de verdad, que les lleve a la felicidad y que les convierta en auténticos amantes.

“Si estás enamorado, ¡No te cases!”

Cinco adorables parejas de ancianos nos demuestran que el amor perdura con los años

Todos queremos el  tipo de amor  de “Notebook” . Esa persona con la que puedes envejecer, nunca dejar de amar, y llamar “mejor amigo”. Cuando vemos parejas de ancianos como estas, nos damos cuenta que el verdadero amor está ahí fuera,

 

1. Nunca dejes creer en el amor

2. Y aquí sí hay amor que dure 100 años

3. Al fin que lo demás son sólo números

4. Y divertirse hasta viejitos

5. Sí, lo importante es divertirse en el amor

 

¿Qué es el amor?

El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. 1 Corintios 13:4-5

¿Qué piensas de estas parejas? deja tu comentario.

Ocho cosas que aprendí cuando me fui a vivir sola en otro país

Escribiré estas líneas sin la certeza cierta si las publicaré o no. Tomaré este escrito como un balance personal de lo que fue mi 2017, un inventario de bendiciones y lecciones. Así que si te encuentras leyendo esto, mi intención no es enseñarte cómo dejar tu país y vivir solo/a, pues realmente ni yo lo sé. Quizás es solo una invitación para recordarnos que no hay fórmulas ni recetas sobre cómo vivir. Lo único seguro es que “todos los caminos son de justicia y de bondad para quienes guardan los pactos del Señor”.

He aquí las lecciones que aprendí y debo seguir repasando en esto llamado vida:

1.-Siempre hay un milagro para quien decide creer

Conozco a Dios desde los 17 años. Sí, me refiero a conocerlo más que a conocer de Él. Sé de su Palabra y de sus promesas. Sin embargo, hasta hace unos meses siempre pensé que los milagros eran para otros. Creía que Dios era sobrenatural, pero tal vez mi vida es demasiado terrenal como para experimentar esas proezas divinas que suelen contar mis amigos y que escucho los domingos en la iglesia. Eso creí hasta que comprendí cómo las cosas más comunes y silvestres guardan un propósito mucho más grande. Cuando eso ocurrió lo poco probable sucedió una y otra vez. Y no, no es que antes no hubo milagros en mi vida, solo que estaba concentrada en planificar cada línea de mis estructurados planes. Comprendí que los milagros estuvieron y están allí, pero estos pueden venir en distintas presentaciones; unos amigos que te ofrecen hospedaje, una resolución de un gobierno, un trabajo temporal, un aventón hasta la estación del metro.

2.- La opinión que cuenta

Todos tenemos opiniones sobre todo, ¿pero cuántas de estas son totalmente ciertas? Nuestra visión siempre está sesgada por nuestras vivencias, personalidades y circunstancias. Muchas veces dejé que la percepciones de otros, y hasta las propias, me limitaran. Y no, no se trata de no escuchar el consejo o la opinión de amigos y seres queridos, pues eso estaría mal,  se trata de comprender que la única verdad absoluta la tiene Dios. En este proceso de independencia y migración comprendí que mi identidad debe estar basada en la opinión de Él y no de otros.

3.- Está bien sentirte triste y poder expresarlo

Emigrar es difícil. Habrá días muy solitarios y donde muchas cosas son inciertas. No está mal admitir y aceptar la tristeza que acompaña esos días. Por lo general la tristeza cumple una función adaptativa; prepara el terreno para los cambios que debemos enfrentar. Darse un permiso para experimentarla es totalmente necesario. Claro, eso no quiere decir que hay que revolcarse en ella, pero sí darnos el chance de vivirla sin recriminarnos o sentirnos reprochados por otros. De esa forma ella se va y le da paso a la alegría. ¡La alegría siempre llega!

4.- Cada experiencia es única

Para nadie es un secreto que los venezolanos estamos emigrando. Razón por la cual es común escuchar entre familiares y amigos un mar de conocimientos y experiencias asociadas al tema. Y eso es genial, siempre que no se tome como ley. Tengo más de 20 amigos y familiares cercanos que han emigrado a distintos países y cada experiencia es única. Cada quien tiene sus tiempos y formas de encarar los desafíos. Lo importante es siempre estar dispuesto a aprender y levantarte. ¡No te compares!

5.- Atrévete, hazlo con miedo

No esperes a que el miedo pase, hay cosas que deben hacerse aún con el miedo encima. Dar pasos de fe. Si fallas, igual estarás más cerca de la meta porque ya sabes cuál camino descartar. En 2017 tuve muchos miedos. Miedo a perderme en la ciudad, miedo a tener que devolverme sin éxito, miedo a perder personas importantes en mi vida, miedo a hacer cosas tan aparentemente simples como unas arepas (Sí, sin duda, uno de los logros que más me aplaudo fue hacer arepas para vender, parece bobo, pero para mí era todo un desafío. Era demostrarme que también podía ser buena en cosas que no estaba acostumbrada a hacer. ¿Lo mejor? ¡Fueron un éxito!)

6.- Invierte bien tu energía

La vida rara vez ocurre como la planificas, pero eso no quiere decir que sea una mala vida. Las circunstancias cambian y las personas también lo hacen. En el 2017 comprendí que no está mal cambiar, querer otras cosas, así como cambiar de opinión. También comprendí que hay batallas que valen la pena luchar y otras simplemente abortar. En ocasiones hay que dejar que el agua corra. Invertir y administrar bien tu energía y tiempo; enfocar tus recursos en personas y situaciones que te hagan crecer y te llenen de vida.

7.-Menos reproches

Menos reproches hacia otros, pero también hacia mí misma. Esta quizás es la lección que más debo practicar. Una vez escuché algo tan cierto:

“Cuando a uno le gusta mucho un chico, no importa siquiera si no es perfectamente guapo, una siempre exalta sus virtudes, porque uno está enamorada. Por ejemplo, si te dicen ‘Ay, pero es muy gordito’, uno dice ‘pero tiene unos ojos tan hermosos’. Si te dicen ‘Pero es muy bajito’, uno dice ‘pero es que me hace reír tanto y además tiene unas orejas perfectas’. El amor hace que uno valore otras cosas, ¿por qué no hacemos entonces lo mismo con nosotras mismas?”.

Es como cuando uno prepara una torta, cuando está lista es deliciosa, pero si nos comemos el huevo crudo o la harina en polvo por separado no nos sabría tan bien. Así pasa con los defectos y debilidades propias, vistas por separado son un desastre, pero en conjunto me hacen quien soy y me preparan para el camino que me queda por delante. En este 2017 aprendí que debo perdonarme, reprocharme menos, seguir adelante y simplemente sonreír.

8.- Para el amor no hay distancias

¡La distancia se vuelve tan relativa cuando emigras!, te das cuenta que cuando un vínculo es realmente fuerte, la distancia puede transformar el lazo, pero jamás romperlo. Hoy como nunca antes valoro los pequeños gestos: un mensaje, una sonrisa, una mención en un meme. Después de todo, la vida se hace de pequeñas cosas.

Seguramente aprendí otras lecciones, pero estas ocho las escribí para nunca olvidarlas, para recordarme que en medio de cada dificultad hay una valiosa y maravillosa enseñanza.

Cuéntame, ¿qué aprendiste en tu 2017?

 

Lo amé y aunque jugó conmigo, siempre vuelvo a él, ¿cómo puedo superarlo?

Tuve varias relaciones pero un chico en particular fue quien me marcó. Todo se terminó entre nosotros pero a veces no entiendo por qué ese hombre al que tanto quise y al que me entregué tantas veces sólo jugó conmigo. A veces siento que lo extraño. Aunque él está con otra persona, me sigue buscando para tener intimidad y cuando no accedo, desaparece. La verdad es que regresé nuevamente con ese hombre y estoy muy mal porque yo dejé que pasara y de nuevo me usó, lo peor es que lo sigo queriendo. ¿Cómo hago? Esto me ha dejado secuelas. No aguanto más y necesito contarlo, ya estoy harta de estar así y volver siempre a lo mismo, harta de que no me tome en serio; ya sé que no me quiere pero me duele y me cuesta tanto aceptarlo…

Entaconadas responde:

Querida lectora, lo primero que debes entender es que sin importar cuantas veces tomes la decisión errada, Dios no te abandona ni te deja de amar. ¿Qué sería de nosotras si cada vez que falláramos, Dios nos abandonará? Pero no, Él permanece siempre fiel; su amor cubre multitud de fallas, es por eso es que justo así cómo estás y te sientes en necesario que te acerques a Él para que te restaure, sane tu corazón y en sus fuerzas te hagas fuerte en la debilidad. Créeme, si te aferras a Dios, en su momento sacará lo mejor de lo que hoy vives, te hará una mujer más fuerte y madura espiritualmente.

En segundo lugar, eso que sientes por ese hombre, aunque parezca amor, no lo es. La Biblia nos enseña en 1 Corintios 3:4-7 (NTV) que “el amor es paciente y bondadoso. El amor no es celoso ni fanfarrón, ni orgulloso ni ofensivo. No exige que las cosas se hagan a su manera. No se irrita ni lleva un registro de las ofensas recibidas. No se alegra de la injusticia sino que se alegra cuando la verdad triunfa. El amor nunca se da por vencido, jamás pierde la fe, siempre tiene esperanzas y se mantiene firme en toda circunstancia”. Como verás, nada parecido a lo que Él te ofrece ni a lo que tú le das, porque sencillamente, el amor genuino –ese que proviene de Dios y manifestamos en Él– no te lleva a hacer nada indebido.

La intimidad sexual fuera del orden que Dios establece es un pecado que, entre sus consecuencias, acarrean ataduras emocionales hacia la persona con la que intimas; ataduras que acaban por dominarte y que sólo Dios puede romper. Ahora bien, la palabra de Dios nos enseña que cuando Dios nos limpia del pecado pero no nos aferramos a Él ni nos ocupamos de mantenernos llenas de su presencia –la que nos cambia desde adentro–, cuando la tentación vuelve a tocar la puerta de nuestras vidas logra entrar tranquilamente, pues, no hay quien le haga frente ya que dejamos nuestra casa desocupada y en nuestras propias fuerzas es difícil resistir; esto acarrea sus consecuencias:

«Cuando un espíritu maligno sale de una persona, va por lugares áridos, buscando descanso sin encontrarlo. Entonces dice: “Volveré a la casa de donde salí”. Cuando llega, la encuentra desocupada, barrida y arreglada. Luego va y trae a otros siete espíritus más malvados que él, y entran a vivir allí. Así que el estado postrero de aquella persona resulta peor que el primero…». Mateo 12:43-45 (NVI).

Es por ello que cada vez que caes te sientes peor y más alejada de Dios, aunque Dios siga estando ahí para ti, al alcance de una oración. Amiga, necesitas entender que aunque Dios te ama sin importar qué, debes renunciar de corazón a todo lo que sientes y a lo que te ata a ese hombre para dar a Dios nuevamente el primer lugar de tu vida.

¿Cómo hacerlo?

Primero, arrepintiéndote genuinamente de tus actos y reconociendo la condición de tu corazón ante Dios, no por lo que sufres como consecuencia de tus actos sino con conciencia de haber lastimado su corazón e ir en contra de su voluntad; esa es la diferencia entre el verdadero arrepentimiento y el remordimiento o culpa, porque el remordimiento simplemente se encarga de hacerte sentir mal por saber que hiciste algo mal, pero no porque repudies el pecado en sí, es decir, el conflicto se vuelve moral porque en lo profundo de tu corazón, sigues deseando intimar con aquél hombre aunque sabes que juega contigo y que no está bien delante de los ojos de Dios.

Cuando un arrepentimiento genuino se gesta en tu vida es porque, por encima de tus deseos, prevalece el temor de Dios; es decir, no haces nada que le dañe por amor, más allá de lo que puedas sentir.

“Pues la clase de tristeza que Dios desea que suframos nos aleja del pecado y trae como resultado salvación. No hay que lamentarse por esa clase de tristeza; pero la tristeza del mundo, a la cual le falta arrepentimiento, resulta en muerte espiritual”, 2 Corintios 7:10.

Puedes pedirle al Señor que te ayude, que ponga un arrepentimiento genuino en ti y te ayude a ser libre de esa ligadura emocional. Eso sí, el arrepentimiento genuino y el cambio llegarán cuando tu corazón se haga cónsono con tus oraciones en cuanto a renunciar para siempre a ese hombre y a lo que sientes por Él. En otras palabras, puedes estar harta de volver a él y decírselo a Dios de continuo, pero si en tu corazón no te cansas de verdad, renuncias a él y anhelas ese cambio, nada pasará.

Segundo, aferrándote con todas tus fuerzas a Dios y buscando su presencia cada día. La Biblia nos enseña a bastarnos en su gracia, pues, “su poder se perfecciona en la debilidad” (2 Corintios 12:9). ¿Cómo podría Dios perfeccionarse en ti y en tus debilidades si no le buscas ni cultivas tu relación con Él? Cuando lo hagas y la tentación regrese, entonces tomarás la decisión adecuada; resistirás porque no serás tú, sino la presencia de su Santo Espíritu en ti. “Así que humíllense delante de Dios. Resistan al diablo, y él huirá de ustedes”. Santiago 4:7.

Sin duda alguna Dios no desea que vivas lo que estás atravesando, Él desea para ti a alguien que te ame y vea cómo Él lo hace, alguien que reconozca tu valor y lo sepa respetar; para ello primero debes comprender esa verdad tú misma y aprender el valor que tienes cómo mujer, así que no te aferres más a ese hombre, no eches por tierra el valor que tienes y que Dios te dio. Hazlo por amor a ti y por amor a Dios mismo.

Por último, te invito a leer este artículo sobre las verdades detrás del proceso que atraviesas y solemos olvidar → ¿Cansada de no ver cambios? Razones por las que sueles reincidir en tus fallas.

«Soy cristiana y siento que la promiscuidad me domina»

Hace tiempo hablé con una chica a la que llamaremos Ana. Ana es cristiana desde hace varios años y ama a Dios con todo su corazón. Ella tiene un novio maravilloso; está convencida de que Dios lo ha puesto en su camino y lo considera el amor de su vida, sin embargo, ambos se apresuraron en la relación e iniciaron su vida sexual. A pesar de ello, ella desea casarse y servir a Dios junto a él, pero teme llevar a su matrimonio un oscuro secreto que alberga en su corazón, un hábito con el que lucha y que la está consumiendo:

“…Aún no sé qué pasa conmigo, pero siento que hay algo en mí que domina mi vida sexual, a tal punto de querer acostarme y entregar mi cuerpo al chico que sea; de hecho, le he sido infiel a mi novio ya cuatro veces y eso me está matando (…) No sé qué hacer, siento que ya toqué fondo; deseo renunciar a esto que me domina y sentirme libre. No quiero seguir siendo ese tipo de mujer que se acuesta con cualquiera”.

La inmoralidad sexual es una de las tentaciones más fuertes que enfrenta el ser humano, tanto así que cuando la Biblia nos habla al respecto, sólo recomienda una cosa: HUIR; por lo que el primer error que solemos cometer ante la tentación de índole sexual es creer que debemos luchar contra ella o que podemos controlarla. 1 Corintios 6:18 (NTV) lo establece claramente “¡Huyan del pecado sexual! Ningún otro pecado afecta tanto el cuerpo como este, porque la inmoralidad sexual es un pecado contra el propio cuerpo”.

Otros ejemplos claros los vemos cuando el apóstol Pablo le dice a Timoteo que “huya de las pasiones juveniles” (2 Timoteo 2:22); cuando en Proverbios 5:8 se recomienda “alejarse” de la mujer adúltera, al punto de “ni siquiera acercarse a la puerta de su casa”; y el caso más citado, el de José y la esposa de Potifar: “lo agarró de la ropa y le exigió: —¡Acuéstate conmigo! Pero José prefirió que le arrebatara la ropa, y salió corriendo de la casa” (Génesis 39:12, TLA).

Es importante entender que somos tentadas desde los deseos impropios que alberga nuestro corazón. Ante esto, la palabra de Dios también nos enseña una verdad irrefutable: cuando Jesús te libera, quedas realmente libre de toda opresión, una vez y para siempre.

«Así que, si el Hijo los hace libres, ustedes serán verdaderamente libres», Juan 8:36 (DHH).

Para que esto se haga tangible en tu vida, sólo necesitas:

  1. Un corazón que así lo crea, es decir, fe.
  2. Arrepentimiento 100 % genuino, no remordimiento.
  3. Plena disposición al cambio.
  4. Hacer tu parte, es decir, apartarte de lo que te incita y desechar toda conducta pecaminosa.

Estos elementos los podemos observar cada vez que Jesús sanaba. Si lees detalladamente la Biblia, notarás que siempre había alguien que creía con todo el corazón que lo haría, arrepentimiento genuino y disposición. Por último, no faltaba la advertencia de Jesús: “vete y no peques más”.

Si hasta el sol de hoy, en tu vida como cristiana no has experimentado esta libertad plena de la que te hablo, no es porque Jesús no te ame, no desee liberarte o Dios no escuche tus oraciones, más bien es porque hay un paso de la ecuación que está faltando.

Entonces, ¿qué estoy haciendo mal?

Lo que por lo general suele fallarnos primero, es la fe. Así nos encontramos orando por lo mismo  –y de forma automática– cada día; sin expectativas y con un corazón resignado, porque son tantas las veces que hemos fallado en la misma área, que –aunque nos recordemos lo que dice la Biblia al respecto o mentalmente sepamos y creamos que Jesús lo hace– el corazón se ha acostumbrado a no esperar cambios.

La fe no es una condición mental.

En segunda instancia, solemos confundir nuestro remordimiento o sentimientos de culpa con el arrepentimiento. Verás, sentimos remordimiento y culpa cuando sabemos que lo que hacemos está mal, nos perjudica y no le agrada a Dios, pero hasta ahí. A pesar de ello, nos sigue generando placer o “gustando” el pecado que practicamos y cuando lo hacemos; es decir, no es algo que aborrezcamos en sí, sino que nuestro conflicto es moral. En cambio, el arrepentimiento genuino es esa tristeza profunda o dolor que experimentamos no por lo que hicimos en sí –sea bueno e intencional o no–, sino por la consciencia de haber lastimado el corazón de Dios y por ende, el reconocimiento inmediato de nuestra condición.

«Pues la clase de tristeza que Dios desea que suframos nos aleja del pecado y trae como resultado salvación. No hay que lamentarse por esa clase de tristeza; pero la tristeza del mundo, a la cual le falta arrepentimiento, resulta en muerte espiritual», 2 Corintios 7:10 (NTV).

Cuando el arrepentimiento es genuino, el perdón y la liberación son inmediatas. Un claro ejemplo de esta verdad es el ladrón que fue crucificado junto a Jesús, aquél que se arrepintió y reconoció su condición; puedes leerlo en Lucas 23:40-43.

Por último, nos falla la disposición o voluntad cuando a pesar de tener conocimiento de nuestras fallas, del daño que nos hace y cómo  nos aleja de Dios, nos resistimos al cambio por miedo. Miedo de perder algo a lo que nos aferramos, de que nos duela el proceso, de lo que Dios vaya a hacer en nosotras y su forma de hacerlo, en fin… miedo a lo que desconocemos, aunque sepamos que los planes de Dios siempre serán mejor que los nuestros.

Cuando no hay disposición, el pecado te estanca.

Como verás, todas estas condiciones responden a asuntos inconclusos de nuestro corazón, no de Dios. “Luego añadió: —Lo que sale de la persona es lo que la contamina. Porque de adentro, del corazón humano, salen los malos pensamientos, la inmoralidad sexual, los robos, los homicidios, los adulterios, la avaricia, la maldad, el engaño, el libertinaje, la envidia, la calumnia, la arrogancia y la necedad. Todos estos males vienen de adentro y contaminan a la persona”; Marcos 7:20-23 (NVI).

Si sientes la promiscuidad como un impulso que te domina y te lleva a intimar sexualmente con facilidad, más que sólo hacerle frente a la tentación, puede que haya influencias espirituales en tu vida de las que necesitas ser liberada. Sin embargo, no ¡te asustes con esto! Recuerda que la Biblia nos enseña que la liberación “es el pan de los hijos”, es decir, algo que necesitamos de continuo. Esto es porque, aunque el Espíritu Santo de Dios vino a vivir en nosotras, todavía en nuestra alma y en nuestro cuerpo pueden existir influencias del pasado (propio o familiar), y a fin de que el Espíritu Santo pueda obrar a plenitud, tenemos que limpiar la casa.

Te explico todo esto para que puedas examinar tu corazón y pedir dirección a Dios con el fin de poder entender el trasfondo espiritual de tu situación actual.

Si hasta hoy la promiscuidad ha dominado tus impulsos en tu caminar con Dios:

  1. Lo primordial y urgente es que cultives a como dé lugar tu vida espiritual; tu vida depende de ello. No des pie a distracciones; busca la presencia de Dios al máximo, lee más la Biblia, ora al respecto, presta atención a lo que Dios desea hablarte… Como dice Mateo 26:41 (NVI): “Estén alerta y oren para que no caigan en tentación. El espíritu está dispuesto, pero el cuerpo es débil”.
  2. Busca ayuda. Encuentra a una persona de tu congregación, con liderazgo activo, que ESTRICTAMENTE sea mujer –es muy importante este punto–. Puede ser tu pastora, una pastora de jóvenes, o una mentora. Procura que se trate de alguien que esté firme en los caminos de Dios, es decir, que dé testimonio, esté al servicio, sea prudente, en fin, una genuina mujer de Dios; alguien a quien puedas acercarte, abrirte y pueda ser tu guía durante el proceso que atraviesas porque necesitas apoyo, guía espiritual y alguien a quien poder rendir cuentas de tus actos. Ante todo, pídele dirección a Dios para que te lleve a acudir a la persona adecuada.

«Confiésense los pecados unos a otros y oren los unos por los otros, para que sean sanados. La oración ferviente de una persona justa tiene mucho poder y da resultados maravillosos», Santiago 5:16 (NTV).

Eso sí ¡nada de acudir a simples amigas!, mucho menos a tu pareja –si la tienes–. Cuando luchas con la promiscuidad estando en una relación sentimental con un chico cristiano (como es el caso de Ana, la chica de nuestra historia); aunque sea difícil, es necesario entender que ambos –tú y tu pareja– necesitan recuperar su relación con Dios, ser procesados y restaurados individualmente, dado que son procesos de carácter personal.

  1. A las chicas que luchan con la promiscuidad mientras mantienen una relación de noviazgo: Si tu caso se asemeja al de Ana, debes entender que como parte del proceso que atraviesas, Dios mismo delimitará el rumbo que tomará tu relación y lo que deberás hacer al respecto. Mientras trabajas en tu vida espiritual y proceso, lo más prudente que deben hacer es tomar distancia, o bien, evitar pasar demasiado tiempo juntos y salir o quedarse solos; si esto pasara sin premeditación alguna, HUIR (por separado) sin pensarlo mucho. Sé que suena duro, pero hablemos claro: si les ha resultado imposible contenerse hasta ahora, lo mejor es evitar cualquier panorama donde intimar sexualmente entre ustedes se les haga sencillo. ¿La razón? Ten en cuenta que ambos son hijos de Dios, por lo que no sólo estarían fallando, sino que estarían siendo de tropiezo el uno para el otro, porque cuando uno intente ser fuerte, el otro no lo será. (Lee Mateo 18:6).

Dios te ama de manera incalculable. Si hay alguien más interesado que tú por sacarte de la situación en la que te encuentras es Él, tanto así que invirtió la vida de su hijo en ti, y aunque su gracia y perdón estarán siempre a tu acceso, debemos entender que como creyentes e hijas de Dios, debemos hacer lo que nos corresponde, tomar decisiones y acciones que nos encaminen hacia su propósito, voluntad y le den luz verde para penetrar en esas áreas de nuestra vida donde su luz no ha llegado aún.

¿Amigos que se atraen o amigos con derecho? Riesgos de cruzar la línea mientras se conocen

Este post es un compendio de las lecciones de Dios detrás de cada fracaso emocional, producto de algunas experiencias personales y otros tantas de mujeres cercanas; lecciones que nacieron en medio de interminables conversaciones por teléfono, llantos desconsolados y confesiones de medianoche. Aunque fueron muchas las malas decisiones y los errores recurrentes en el campo de las relaciones, al final todas coincidimos en la enseñanza que cada experiencia dejó a su pasó y encontramos que las penas pasadas ayudaron a recordarnos porqué es conveniente respetar ciertos límites cuando se sale con un chico.

El primer error que la mayoría comete ante la posibilidad de establecer una relación es preocuparse más por conocer a la persona “como pareja” –considerándolo un paso imprescindible para garantizar el éxito de la misma–, en vez de ocuparse primero en conocer a su prospecto de pareja como persona. Este comportamiento responde a un concepto que la sociedad nos inculca, sin embargo, la Biblia enfatiza que los principios establecidos por Dios no se amoldan al pensamiento actual.

Las relaciones informales están a la orden del día y lamentablemente la iglesia no escapa de esta realidad. El término “amigos con propósito” se ha vuelto, en la mayoría de los casos, un eufemismo de los “con derecho” y parte de la responsabilidad recae sobre nosotras, las mujeres. Pero antes de entrar en materia, vayamos por partes.

Durante el cortejo…

En cuanto al tema, existen dos cosas que nos caracterizan como mujeres: lo vulnerable que podemos ser ante nuestras emociones y lo auditivas que somos. Por esa razón es que nos derretimos cuando un hombre se muestra atento y nos dice cosas que terminan por robarnos el aliento. Sin embargo, los hombres y las mujeres funcionamos un tanto distinto.

Aunque ambos géneros se convierten en un cúmulo de hormonas y emociones andante durante el coqueteo, cada cual reacciona de formas diferentes. Así como nosotras solemos inclinarnos hacia lo auditivo, el hombre es más propenso a estímulos físicos y visuales. Por esa razón, su naturaleza es inclinarse a buscar respuestas más tangibles; por eso la cercanía, las miradas profundas, esas manos que premeditadamente te encuentran o las indirectas pícaras que en ocasiones se escapan…

A pesar de ello, aclaremos algo: que un hombre sea cristiano no implica que sus hormonas funcionen diferente. Aquí es donde, como mujeres, solemos cometer el primer error.

Compartir la fe no es excusa para bajar tu guardia, ¿o es que acaso la santidad es algo que se deja al cuido de otro? Con esto me refiero a que por muy “de Dios” que sea un chico, tu deber es mantener esos límites que te corresponde establecer –esto aplica tanto para conductas como conversaciones–, primero por amor a Dios, luego por amor a ti y después por amor a él; sin relajarte al respecto ni dar por sentado que, por ser cristiano, él siempre respetará los limites. Aunque es el deber ser; amiga, ¡la tentación es real!

En este punto quizás pienses: «¡Nada que ver conmigo!, nosotros primero estamos orando»… Y eso está bien, pero déjame decirte que cuando una chica se siente atraída por un chico y el sentimiento es mutuo, ceder terreno es más común de lo que piensas; así se van colando los abrazos prolongados, la cercanía al sentarse juntos, las caricias aparentemente inocentes, los besitos de despedida que cada vez se acercan más a los labios, el beso furtivo, las conversaciones más íntimas o reveladoras… y todo esto pasa mientras «siguen orando». ¡Ni hablar de la intimidad sexual!, porque sí, también pasa.

Respetar los límites físicos tampoco se trata de ser mojigata. La razón de esto es simple y lógica: si sabes que cada día te involucras más con cada conversación y gesto, entonces ¿qué te hace pensar que puedes dar pie a lo físico sin involucrar tu corazón?

Puede que sean amigos, que estén saliendo y conociéndose, que la atracción sea innegable y que él se muestre comprometido al 100 por ciento. Lo cierto es que desde el primer momento que te permitas dar paso a lo físico, entrarás en ese peligroso limbo en el que dejan de ser amigos, pero sin llegar a consolidar un noviazgo o compromiso mutuo expreso –aunque sus palabras o tu corazón aseguren lo contrario–, porque sí, eso de ser una “amiga con derechos” no se limita sólo al sexo.

Tan sólo piénsalo: si consolidar una amistad genuina y duradera requiere mucho más que un par de meses y salidas, ¿qué te hace pensar que la ecuación es diferente para una relación duradera, exitosa y que Dios aprueba?

Si de constante se encuentran diciéndole a los demás «sólo somos amigos», seguro es porque se comportan como si fueran algo más… Los verdaderos amigos no se besan, no se la mantienen abrazados, no caminan de la mano ni se acarician, tampoco tienen sexo. Si algo de esto pasó con tu crush mientras salían y se conocían, lo mejor es ser sensata, reconocer que entraste en la zona de los “con derecho” y hacer algo al respecto, porque nada bueno crece ahí.

Aclarado el punto, puede que digas: «es que ya casi somos novios, sólo esperamos hablar con nuestras familias y/o pastores». Si este es tu caso, te invito a que te respondas lo siguiente: ¿y si la relación no se consolida? ¿Si no llega el respaldo de Dios o simplemente no es tiempo para relaciones? Es entonces cuando tomar distancia –si lo logran– se siente morir, pues, cruzar los límites físicos por lo general conlleva a la dependencia emocional.

Por cruzar esos pequeños límites aparentemente inofensivos es que muchas veces terminamos desilusionadas o heridas, sin entender que, en parte, nosotras mismas somos responsables del daño que sufrimos; todo porque en un momento de ilusión permitimos que todas esas experiencias, detalles y palabras bonitas nublaran nuestro juicio y cediéramos terreno antes de tiempo, endosando el corazón a quien se dejó guiar por el enamoramiento y quizás hoy, después de hablarte de amor y prometerte un futuro juntos, está enamorando a otra chica…

Entonces, ¿qué hacer?

La mejor manera para conocer a alguien a fin de establecer una relación de noviazgo exitosa no es hacerlo “como pareja” antes, a modo de prueba; sino aplicar una bien jugada carta de la amistad; esta promueve el estímulo espiritual, intelectual y emocional porque lo físico no tiene cabida. Además, aunada a la oración te ayudará a conocer el corazón, la madurez y la condición espiritual de la otra persona.

Amiga, no subestimes el poder de preservar los límites con un chico al entrar voluntariamente en un margen de error del cual Dios te advierte. Hazlo por ti, por lo que deseas y por lo que sabes que mereces. ¡Apuesta mejor por una amistad sincera!, así evitarás endosar tu corazón y si luego te enamoras, lo estarás haciendo de tu mejor amigo, no de un desconocido que te pretende. Quien te ame de verdad no sólo lo sabrá respetar, permanecerá a tu lado y te dará un lugar digno en su vida, sino que aprenderá a valorar la entereza que tienes para preservarte fiel y por amor a tus convicciones. Recuerda que sólo tú puedes establecer los límites para no dar pie a arrebatos hormonales a fin de evitar tropiezos y experiencias dolorosas que luego acaben por frustrar lo que pudo ser una hermosa relación.

Mi mejor amiga tiene una relación con mi ex novio ¿cómo afrontarlo?

mi mejor amiga y mi ex

Queridas Entaconadas, me gustaría saber su punto de vista ante una situación. Mi mejor amiga y mi ex novio tienen una relación, ellos asisten a la misma iglesia que yo ¿Cómo debo afrontarlo? ¿Cuáles serían las conductas adecuadas para sanar dicha traición?

Entaconadas responde:

Querida lectora: La verdad es que la situación que planteas es bastante incómoda. Para comenzar, queremos acotar que aunque hablas de traición, tu pregunta no nos deja en claro si ese chico decidió andar con tu amiga aún estando en un noviazgo contigo o si te refieres a que, luego de que ustedes terminaron su relación, fue que tu amiga y tu ex novio comenzaron la relación que ahora sostienen.

Sea cual sea el caso, si fue premeditado o no, sabemos que tanto el chico en cuestión como tu amiga han ocasionado una herida en tu corazón y sin importar mucho de qué manera se dieron las cosas, claramente te enfrentas a un proceso de perdón.

Amiga, en términos generales y respondiendo a tu segunda pregunta, el evangelio no lo podemos vivir siguiendo procedimientos o conductas (eso sería vivir religión), más bien se trata de decidir cada día morir a nuestro ego y a nuestra manera de manejarnos para dejar que sea Dios mismo trabajando en nuestros corazones como Él quiere, a través de su palabra y presencia; pero tal como lo mencionamos, hacer esto cada día es una decisión que nos compete a nosotras asumir.

Asimismo funciona con el perdón, para perdonar no tienes que sentirlo, tampoco es necesario que te pidan perdón para hacerlo e inclusive, quizás hasta tengas todas tus razones para argumentar que ellos no merecen tu perdón, pero igual, si deseas hacer lo que Jesús haría, debes decidir perdonarlos; ese es el primer paso si deseas que tu corazón empiece a sanar de esa traición.

El perdón representa el primer paso hacia la sanidad del corazón porque espiritualmente:

  1. Estás cumpliendo con la voluntad de Dios.
  2. Porque cuando nos disponemos a hacerlo aunque no lo queramos, lo hacemos por amor a Dios, a su palabra y a ti misma (a fin de poder avanzar).
  3. Porque estás diciendo a lo que viviste que no importa la magnitud del daño que te causó, sino que decides soltar esa herida sin guardar resentimientos para abrir paso a la libertad y sanidad de Dios en ti.

Sé lo duro que puede ser verlos en la iglesia, pero ¿sabes qué? Cuando nos congregamos, lo hacemos porque vamos a entregarnos a Dios y a recibir lo que Dios tiene para nosotras. Con esto queremos decir que no cometas el error de dejar de asistir a la iglesia o apartarte completamente de ella, pues, ahora más que nunca necesitas aferrarte a Dios para que pueda sanar tu corazón.

Ahora bien, en el caso de que tu iglesia tenga varios servicios a diferentes horas, procura ir a una hora en la que sepas que ellos no asistirán, pero si esto no es posible, simplemente ve y al terminar el servicio, no te quedes afuera conversando a fin de evitar pasar por momentos incómodos, esto sólo mientras te habitúas a lo que vives, pues al principio la herida está a flor de piel y es cuando más nos afecta; sin embargo, en cuanto te sientas mejor regresa a tus hábitos normales de compartir con el resto de los miembros de tu iglesia.

Con respecto a tu amiga, no sé si aún mantienes una relación de amistad con ella, pero lo mejor es tomar la mayor distancia posible, de manera que tu corazón tenga el tiempo de sanar. Ahora mismo no sería adecuado buscar ni entender razones. Es importante que sepas que mientras esa herida no sane, si mantienes tu amistad como si nada, sólo estarás alimentando el resentimiento y exponiéndote a escenarios que podrían abrir más la herida de tu corazón.

En conclusión, es tiempo de aferrarte a Dios. Sólo Él podrá restaurar tu corazón, pero para ello debes estar dispuesta a entregarle todas las piezas y a dejarlo obrar como Él quiere. Aunque sea doloroso, cuando el proceso pase habrás aprendido el poder y la importancia del perdón, y cuando en el futuro recuerdes lo que ahora vives o cuentes tu historia, ya no habrá ni una pizca de dolor ni amargura hacia lo sucedido o hacia ellos, sólo habrá agradecimiento porque ese proceso te hizo más fuerte en Jesús.

Ocho conductas sexuales que te apartan de Dios

conductas sexuales que te apartan de Dios

Las conductas sexuales impuras para una mujer comúnmente se ilustran con la figura de un paraguas, externamente se ve como una conducta única, pero cubre debajo varias necesidades insatisfechas al mismo tiempo. Una mujer puede alimentar aún más su naturaleza carnal con conductas sexuales, así algunas mujeres no buscan el placer sexual como placer mismo, sino para calmar algún dolor emocional.

Así que para que una mujer pueda encontrar libertad de esos pecados sexuales, debe remover ese paraguas que está cubriendo todas esas heridas y conductas que está ocultando, para así sacarlas a la luz. Estas conductas sexuales pueden ser de varios tipos. A continuación vamos a examinar algunas de ellas.

1. Adicción a las relaciones sentimentales:

La mujer en esencia es un ser relacional, sin embargo, se vuelve adicta a las relaciones con hombres cuando no tiene la capacidad de mantener una relación, cayendo en el ciclo de saltar de una relación a otra (promiscuidad), a veces escalando en peligrosidad, o teniendo varias relaciones a la vez con tal de llenar una necesidad, o bien, de provocarse el próximo “acelerón” (por llamarlo así) que es ese estado de éxtasis pasajero, tal como sucede con la adicción a sustancias ilícitas.

Es importante mencionar que pude darse la variante de que ya las tantas relaciones fallidas con hombres no le satisfagan, por lo que tiende a volverse hacia otras mujeres (como por ejemplo, la obsesión por una amiga), lo que puede confundirlas y llevarlas a experimentar el lesbianismo.

2. Adictas al romance mismo:

Una mujer puede no ser adicta a estar en una relación, sino más bien al proceso previo: el de coqueteo y conquista. Así, cuando está a punto de comenzar o formalizar la relación, se echa para atrás y se vuelve hacia otro nuevo hombre para comenzar todo el proceso de nuevo. Esto también sucede a aquellas mujeres que sólo se sienten felices dentro de una relación durante los momentos de romanticismo. Se sienten plenas en una cena especial, cuando le traen regalos, pero no soportan la rutina que conlleva estar en una relación real.

En este caso, la mujer puede buscar su próximo “acelerón” manipulando, a fin de provocar el próximo momento romántico o el próximo regalo. Éste es el caso de aquellas mujeres que parecen como que siempre están saliendo con alguien, pero nunca logran realmente estar en una relación.

3. Fantasías sexuales o románticas:

Una mujer puede crear en su mente al hombre perfecto, porque en a realidad no existe. Esa fantasía puede ser alimentada por los ideales que otras mujeres le comentan, por lo que ella cree ver en relaciones de otras personas, o en la misma televisión; generando así el problema principal, que es que esa mujer no puede tener en sí ninguna relación romántica con nadie porque ningún hombre se asemeja a ese hombre ideal que ella ha creado en sus fantasías.

Tristemente, algunas mujeres necesitan recurrir a esas imágenes durante el acto sexual con sus esposos. Puede que parezca algo sin importancia para ella, pero la realidad es que una fantasía puede robarle a una mujer el gozo de estar en una relación real, o bien, caer en lo que plantea la Biblia en Mateo 5:28:

Si una mujer desea a otro hombre que no es su esposo, ya cometió adulterio en su corazón (Versículo parafraseado por el autor).

4. Adicción a la pornografía y al cybersexo:

Siempre se habla de la adicción de los hombres a la pornografía, pero lo que todavía se reserva es la verdad que muchas son las mujeres que, al haber crecido en la era del internet, se han hecho adictas a la pornografía más dura. Sin embargo, algunas pueden preferir materiales menos “explícitos”, pero que causan el mismo efecto de lujuria; algunos de ellos pueden ser ver partidos de algún deporte o telenovelas únicamente por el hecho de mirar a los jugadores o actores.

Otra conducta que también tiene un tinte femenino es el cybersexo y se da mucho cuando una mujer que ha visto con frecuencia pornografía, le añade ese componente relacional a esas imágenes, tanto que termina haciéndose imágenes con una buena carga sexual, o bien, de carácter pornográfico, y compartiéndolas con otra persona.

Según la Dra. Jennifer Schneider, el 80 % de las personas que mantienen relaciones por internet, llegan a conocerse en persona y de ese grupo, 1 de cada 3 mujeres acceden a tener sexo en la primera cita en persona, sólo por el hecho de creer que asumen que conocen bien a esa persona, que tienen una relación y alegar estar “enamoradas”.

5.  Masturbación:

Otras mujeres no necesitan acompañar el acto con pornografía, sino que se estimulan física y sexualmente al traer a su mente sus propias fantasías o recuerdos románticos de una relación. Muchas mujeres no conocen ni siquiera el significado de la palabra masturbación y aún así lo practican. A algunas mujeres les es difícil entender por qué el sexo sin una pareja es pecado mientras que otras sí saben que lo es, pero no saben cómo dejar de hacerlo y luchan con la culpa.

6.   Necesidad del exhibicionismo:

El exhibicionismo de una mujer es aplaudido culturalmente, sin embargo, ésto no implica que esté bien hacerlo. En este caso, una mujer utiliza su cuerpo para llamar la atención y se vuelve adicta a la sensación de ser vista y deseada. Esto al final causará problemas a su autoestima debido a que, tarde o temprano, se sentirá espiritualmente vacía y se dará cuenta que ha estado siendo percibida como un objeto.

Una mujer exhibicionista, no expondrá su cuerpo desnudo así por así, sino que lo hará de una manera muy elaborada, con ropa provocativa, para lograr las reacciones deseadas en un hombre o para ser notada. A la larga, esta mujer nota que su estado emocional y su autoestima dependen de las miradas de los demás y de las opiniones que le hagan sobre su apariencia o su cuerpo, es decir, no es plena por sí misma, sino que se encuentra en una prisión emocional.

7. Adicción a comprar y vender sexo:

Cuando se habla de esto, no se está hablando solamente de prostitución. Sino de que realmente hay mujeres que voluntariamente intercambian sexo por algún regalo o cosa que deseen. Conocí de una chica que estaba luchando para dejar de tener sexo con su novio, pero lo que más la deprimía era que después de cada recaída, su novio le compraba un regalo muy costoso y ella no podía dejar de pensar que prácticamente le estaba vendiendo sexo a su novio y él le estaba pagando.

El problema radica en que la mujer se vuelve dependiente de ofrecer sexo para obtener lo que desea. Otro caso muy recurrente sucede dentro del ámbito profesional, en el que algunas chicas acceden a propuestas indecentes de jefes para ellas obtener promociones de cargos, u otros beneficios. Dentro de una historia de este tipo, generalmente hay una historia de necesidad económica.

8. Desarrollar una adicción sexual por estar en una relación con un adicto sexual:

Según Bethesda Workshops, entre un 15 % a un 20 % de las mujeres que conviven con un esposo adicto al sexo, se convertirán en adictas también. Cuando una mujer adicta está en una relación con un hombre adicto, la relación se volverá muy confusa. Ella podrá verse muy involucrada en un ciclo interminable de dolor y reconciliación. Dejar de experimentar emociones sanas se vuelve un estilo de vida de pecado que te aparta de Dios.

Una esposa que convive con un esposo adicto también estará en riesgo de entrar en contacto con la pornografía, y caer ante otra adicción. Si es este tu caso, se recomienda que busques ayuda debido a que tu esposo está en pecado sexual.

Si has detectado que tú tienes o estás desarrollando alguna de estas conductas sexuales dañinas, nuestra mejor recomendación es que busques ayuda con algún consejero cristiano experto en la materia. Si no conoces a nadie, puedes acudir al Ministerio Libres en Cristo, quienes se dedican a tratar este tipo de adicciones o conductas. Dios nos ha hecho libres, no te dejes dominar por estas cosas ni permitas que ellas te aparten de Él.

Este artículo ha sido escrito por Laura Mejía, Psicopedagoga y Consejera Clínica, miembro del equipo del Ministerio Libres en Cristo y publicado con autorización. Con adaptaciones enfocadas al estilo editorial de Entaconadas.

Puedes leer el artículo original aquí.

Me acosté con mi novio, me siento mal ¿Qué puedo hacer?

Diariamente recibo muchos correos y mensajes privados al Facebook de chicos y chicas que abren su corazón y me cuentan sus problemas. A la mayoría de ellos no los conozco personalmente, es seguro que me conocen porque han estado en una de mis conferencias en su ciudad.

En una oportunidad, una chica, a la que llamaremos Carla, me contó que estaba pasando por un mal momento en su relación con Dios, la cercanía de sus palabras me permitió hacerle preguntas precisas que me ayudarían a entender lo que pasaba. Ella hizo una pausa después de varias preguntas que me contestó; Carla sentía la distancia propia de la vergüenza de una niña que cometió un error que no sabe como reparar.

-“Tuve sexo con mi novio”… escribió.

-“Me siento tan mal. No quiero ver a mis padres a la cara. No quiero ir a la iglesia. Me da vergüenza orar y hablar con Dios”.

Carla es parte del 66% de los jóvenes cristianos que, en la actualidad, tienen relaciones sexuales antes de casarse.

-Lo peor…  Continuó escribiendo.

– “Es que la relación no es igual, yo me siento muy mal. Pensé que esto nos acercaría más, pero no fué así, esto nos aleja cada día más y la única cercanía que realmente tenemos es cuando tenemos sexo”.

Lo que Carla vivió es más común de lo que pensamos, pero es algo que necesitamos resolver. No te voy a mentir diciéndote que las relaciones sexuales antes de casarte o fuera del matrimonio se sienten horrible. No, la verdad se sienten muy bien. El problema es cuando la culpa y la vergüenza acaban destruyendo muy rápidamente todo especie de placer que hayas disfrutado momentáneamente.

No es un secreto que somos personas sexuales, vivimos en un mundo hipersexualizado y nuestras hormonas juegan su papel como proveedores de impulsos sexuales en nuestro cuerpo, pero, ¿eso significa que debemos ceder ante lo que sentimos?

De lo que sí estoy seguro es que Dios desea que disfrutemos del placer sexual, Él lo creó para nosotros, pero creer que podemos disfrutarlo a plenitud fuera del ambiente seguro del matrimonio es un error. Muchos han comprobado que todo los mensajes de sus padres y en la iglesia acerca de esperar no eran juego.

“Por eso el hombre deja a su padre y a su madre, y se une a su mujer, y los dos se funden en un solo ser”, Génesis 2:24.

Este versículo contiene todo acerca de los tiempos para la unión sexual. Lo primero es que el hombre debe dejar a su padre y su madre, es decir, romper con la vida de soltero, esto implica buscar trabajo para construir un proyecto mayor. Luego se une a su mujer, en matrimonio. Ahora sí están listos para fundirse en un solo ser, es decir tener relaciones sexuales.

Vivido así, estamos libres de frustración, vergüenza y culpa.

Pero, ¿qué pasa si ya metí la pata?

Aquí la respuesta en 3 pasos:

1.- Arrepentimiento.

“Pero si reconocemos ante Dios que hemos pecado, podemos estar seguros de que Él, que es justo, nos perdonará y nos limpiará de toda maldad”, 1 Juan 1:9.

Como creyentes tenemos la seguridad de que hay perdón en Jesús.  Arrepentimiento tiene que ver con un cambio de dirección, es decir, no volver a las mismas obras de las que te estas arrepintiendo.

“Quien encubre su pecado jamás prospera; quien lo confiesa y lo deja, halla perdón”, Proverbios 28:13.

No pierdas tiempo y acércate a Dios con confianza de su amor, ese que desea quitar la carga pesada del pecado y vergüenza sobre nuestros hombros.

2.- Buscar ayuda en un líder, pastor o mentor.

Muchos chicos y chicas me han dicho que ya se han arrepentido antes, pero vuelven a caer como en un ciclo vicioso. Esto ocurre porque no buscan ayuda. En este tema soy muy insistente porque una cosa es meter la pata y otra cosa es cometer un error muy grave que se pudo haber evitado. Sé que es vergonzoso reconocer las faltas, pero es mejor reconocer una falta con alguien que te puede ayudar y no que el pecado se vuelva algo público, donde todos se den cuenta.

Es mucho más fácil cambiar de dirección y realizar un giro completo de arrepentimiento cuando alguien te acompaña en el proceso. Esto te dará mas seguridad y fortaleza para no exponerte ante las tentaciones.

3.- Ponerse de acuerdo.

¿Pueden dos caminar juntos sin antes ponerse de acuerdo?, Amós 3:3.

Es difícil caminar juntos si no somos sinceros. Si no conversamos entre nosotros acerca de las tentaciones y de lo que deben hacer para no recaer, seremos presa nuevamente de nuestras pasiones.

¿Puede una pareja que ha tenido relaciones sexuales, arrepentirse y mantenerse firme hasta el matrimonio?

Claro que sí. Pero esto se logra con el poder del acuerdo. Ambos de acuerdo en ser puros, de acuerdo en no fallarle a Dios, de acuerdo en no fallarse a ustedes, de acuerdo en construir un futuro como debe ser. Conozco muchas parejas que he ayudado, que pudieron superar esto y hoy son un feliz matrimonio.

¿Debemos terminar la relación?

Depende. Si están dispuestos a comprometerse con Dios y ser fieles a pesar de haber fallado, esta relación puede convertirse en un matrimonio espectacular que dure para siempre. Si no lo están, puede ser que nunca se casen, dañando una buena idea y sus corazones. Y si se casan en estas condiciones, es muy probable que atraviesen por tormentas que acaben con la relación.

Como siempre, es mi deseo recordarte que el plan de Dios para ti es que seas feliz, que tengas una relación espectacular, con un compromiso para toda la vida dentro del vinculo del matrimonio y que puedas disfrutar. Sé inteligente, no te conformes con nada menos que eso.

Si este artículo fue de ayuda para ti, compártelo con tus amigos para que también pueda ser de ayuda para ellos.

Por: Pastor Iván Pirela

¿Somos amigos o novios? Límites emocionales en la amistad

amigos o novios

Cuando tenemos amigos varones, es muy común encontrarnos con la situación que, al hacernos muy cercanos, la relación se empieza a convertir en “algo más” aún sin darnos cuenta y cuando esto sucede, puede pasar que uno de los dos tienda a confundir las cosas, abriendo paso a la duda. Entonces comienzan las preguntas: ¿somos amigos o somos novios?, ¿le gusto o no le gusto?, ¿estoy enamorada de él?

Pero ¡espera!, quiero aclarar que profundizar tu conexión con alguien no es necesariamente algo malo. Si estás saliendo con alguien, entonces ese compartir en realidad los puede acercar más, justo lo que quieres si estás dentro de un noviazgo en sí o de una amistad con miras a un noviazgo de parte y parte.

El problema ocurre cuando repetidamente compartes demasiado de ti y abres mucho tu corazón a alguien con quien no quieres salir o no te gusta y viceversa, (es decir, que esa persona te haga eso a ti). Si aprendes a ser consciente de esto, te salvarás a ti misma y a las personas en tu vida de un dolor y confusión innecesarios.

¿Aún no entiendes bien de lo que hablo? No te preocupes, en el siguiente video te comparto un ejemplo que viví, además de explicarte mejor cuáles son los límites emocionales en la amistad y algunas prácticas que debes detectar y evitar, ya que profundizan la intimidad y por lo tanto pueden traspasar los límites emocionales entre amigos.